lunes, 31 de agosto de 2009

VISION PERIFERICA

A veces en el subte trato de no mirar, y uso la periférica. Entonces me hablás, o te hablo, y trato de enfocarte en los ojos, pero no te veo. Es como si siguieras en la periférica, como si te movieras al costado.

Otro día me esfuerzo más, y trato de escucharte. Pero el sonido se funde con el de la gente, y se hace parte del fondo, del murmullo de la ciudad.

Y trato más fuerte la próxima, y me tenso, y casi logro verte y oirte. A vos, de verdad. Entonces me ves, porque soy transparente con vos, y no quiero que sepas que me esfuerzo. Así que rápido giro la cabeza. Te dejo en la periferia para que pienses que ni me importa. Pero sufro, porque sí. Verte de costado y en silencio me dan ganas de llorar.

Un par de veces te miré, y me miraste, al mismo tiempo. Nosotros, de verdad. Hubo una chispa adentro, algo que explotó. No sé si vos lo viste, creo que no.

jueves, 27 de agosto de 2009

Hecho real

Oni nació muerto. Bue, nunca supe bien si murió en la panza, o a los pocos día de nacer, o cuando todavía era muy niño para tener memoria; el caso es que estuvo muerto desde que tuvo registro de su existencia.

Cuando fue un poco más grande y pudo pensar y expresarse usando la razón, empezó a lamentarse y a escribir en cuadernos su melancolía por haber nacido en una ciudad de muertos.

Claro, él no sabía. Los veía caminar por las avenidas con la mirada perdida; llegar a casa vacíos; levantarse a la mañana sin vida.

Un día alguien le hizo notar que no estaban muertos, q estaban cansados. Porque llevaban vidas largas, plenas, y el espíritu se les cansaba nomás. Así que lo dejaban ser, q se fuera, hasta que hiciera falta.

Oni se puso muy triste cuando le hicieron notar que él estaba muerto. Que ni veía de tan muerto que estaba. Le pareció irónico que dejar de estar muerto pudiera llevarle toda la vida. Bastante desolador.

miércoles, 19 de agosto de 2009

para cortar

no sé... pija.

Nada q ver

Con el tiempo se me va cayendo la piel, y con la piel se caen pedazos de mi, igual que con el pelo. Cuantos más pedazos voy soltando por el mundo, más libre soy. Y justo cuando empiezo a creer que puedo ser lo que quiera, aparecen los fantasmas de esos colgajos, fantasmas de mí mismo que me llaman, que me gritan desde lugares y tiempos que ya no existen. A veces uno se mete adentro, y mira por mis ojos, y cree reconocer una calle. Entonces se asusta cuando se da cuenta que no es, que esa calle ya no existe, que es otra. Y se vá, tristísimo y enojado porque le mintieron, porque le dijeron que iba a poder ser, y la vida no lo dejó. Pero no se va entero. Deja metido en mi pecho el vacío de lo que no es, de lo que ya no está, y de lo que nunca fue.

sábado, 8 de agosto de 2009

hoy me corté el pelo

Ver caer los rulos sobre el delantal, desprendidos a tiejeretazos, me hizo pensar de nuevo en la muerte. Ahí estoy, desparramado en el piso de la peluquería, ya sin saber, sin entender, sin pensar en nada. Mi cerebro, que todavía no fue cortado, cree que soy un individuo. Pero no, no soy, no somos. Somos. Todo lo mismo, el rulo, el delantal, el piso, la peluquera, el aire, la luz, la música y yo, que no soy.

viernes, 7 de agosto de 2009

MIREN TODOS, SOY UN ÑOÑO, MIREN LO QUE ESCRIBÍ

El 32 de julio, el primero, se despertó tarde; cuando ya sintió el hartazgo de la cama y la quietud, cuando el esfuerzo por mantener los ojos cerrados se hizo más grande que la perspectiva de un nuevo día.

Él no supo hasta que escuchó la radio, que era 32 de julio. No alcanzó a oír la explicación, tan rápida y tan complicada. Pasó. Le quedó claro que no era primero de agosto. Que una tangente temporal, que a veces pasa, cuando la tierra cada miles de años pega una vuelta repentina hacia el otro lado y despues sigue, como siempre, su curso habitual.

Miró confundido por la ventana, el sol se ponía, naranja, en el horizonte, bañando la ciudad con la luz del atardecer. Miró la hora en el reloj de la cocina. Las once y media. Se rascó la cabeza. Caminó en piyama hasta la puerta de calle y la abrió. Nadie afuera.

Sin entender, caminó hasta la esquina, sintiendo una soledad inmensa, como una fuerza que le oprimía el pecho y subía anudada hacia la garganta. Cuando sus ojos hirvieron, la vió parada en la otra esquina. Mirando aturdida alrededor. No la conocía, pero la llamó. Ella no escuchó, o prefirió no escuchar. Él cruzó la calle y se acercó. Se miraron a los ojos. A ella le costaba. A él no, así que habló primero. "Es 32 de julio" le dijo, y su voz fue un suspiro por el que el nudo en la garganta viajó y se perdió en el espacio. Ella bajó la mirada, pero extendió su mano, mostrándole la palma con los dedos muy separados. Él, perdido en ella, apoyó la suya, deslizando lentamente sus dedos entre los de ella, y sintiendo el calor y la suavidad del contacto como el primero de su vida, como el primer trago de agua que sacia la sed. Alivio infinito. La amó con todo su ser. El 32 de julio, nada más.