martes, 17 de enero de 2012

Las partes y el todo

Ya en Palomar, en la casa de mi papá, había visto la mesa, las sillas, el destapacorchos (ese que fue mi juguete favorito, el robot plateado, que cuando le bajaba los bracitos subía la cabeza), alguna que otra cosa más en medio de esa casa extraña, de una familia nueva.
En Córdoba, en lo de mi mamá, encontré una alfombra en el baño que antes era un mantel, el diccionario enciclopédico, los cubiertos, el microondas.
En la explosión que fue la separación, los objetos volaron y aterrizaron unos acá, otros allá. Mi papá es uno de esos objetos perdidos en Palomar. Mi mamá también, en Córdoba. Mi perra Tila murió extraviada después de la explosión, en Castelar. La onda expansiva me arrastró a mí por Coghlan, Belgrano, Colegiales y Almagro. A mi hermana la llevó derechito a Paternal.
Todas éstas cosas somos de Ciudad de la Paz. Las veo y pienso, "el destapacorchos de Ciudad de la Paz", "las sillas de Ciudad de la Paz". Mis viejos son de Ciudad de la Paz. Yo, definitivamente, soy de Ciudad de la Paz.

¿De dónde sería Ciudad de la Paz?.