domingo, 26 de febrero de 2012

El gato muerto

Clase a las nueve y media de la mañana, en el jardín de Inge, noventa años la señora, con ella y su amiga Susi, de setenta y largos. Mañana espléndida (si, espléndida). La clase es gratísima para mí, después de estudiar y preocuparme tanto, que los exámenes, que el dinero no alcanza, y muchos etcéteras. Nos saludamos al final, y Susi repara en el gato debajo de la mesa de plástico. Muy quieto el gato. "¿Está bien?" pregunta. Lo miro, y veo que sí, está quieto. No quieto solamente. Quieto. Me acerco más, y veo que las moscas vuelan y caminan encima de él. Por primera vez noto el hedor. "Si, está durmiendo", le contesta Inge, acercándose más de lo que permiten los concensos tásitos sobre el encuentro con la muerte. "Mish mish mish mish", le acerca la mano, "mish mish mish mish". Algo en ese momento me hizo notar que Susi tenía solo un ojo maquillado. "Creo que...", es feo ser uno el que lo diga, "creo que está muerto, Inge". Me mira seria, un poco incrédula. Como para demostrárselo, le levanto la cola. Está seca. El gato está vacío. Carne que comen las moscas. Solamente la forma se sostiene, y se va a sostener un tiempo más, nada más. Eso ya no se llama gato. Cuando levanto la mirada, medio enrarecido, las miro y las veo a ellas un poco vacías, un poco secas. No tan lejos de eso que era un gato, y que ya no se mueve.
Dejamos al gato muerto y pasamos a la cocina, donde Inge ya dejó preparada la mesa del desayuno vaya a saber a qué hora de la mañana. Me dice amorosamente que después lo levanto, ¿no? (al gato). Accedo gustoso, Inge es muy amorosa. Tomamos el té, y comemos las galletitas que ella misma preparó. Riquísimas. Charlamos de los médicos de ahora, de épocas que no llegué a vivir, de cosas de señoras de las que me siento parte, definitivamente. Cuando Susi se va, ya se hizo un poco tarde, agarro una bolsa, guantes, y meto al gato tomándolo por la cola. Las cosas muertas son pesadas. "Lo llevás, no?", "No se preocupe, Inge, yo me lo llevo". Camino un rato por Belgrano, pensando qué se hace con un gato muerto, ¿lo entierro? ¿dónde?. Empiezo a pensar que me gustaría que me entierren, así tardo menos en hacrme sustancia orgánica de nuevo, que es un poco como reencarnar, aunque yo no me vaya a enterar de nada. Después pienso que es lo mismo, total uno no se entera si tarda más o menos en volver a ser parte del todo cuando el big bang se revierta. El día está espléndido (ya dije). Pienso también que es siniestro y bizarro caminar con un gato muerto en una bolsa. Al final descubro que no siento ningún respeto por las cosas muertas, y lo tiro a la basura. La vida sigue lo mismo, sin el gato. Yo me siento bien por primera vez en un par de días. La mañana está espléndida.

domingo, 19 de febrero de 2012

sensación que viene a veces como de soledad

Como si ayer nunca hubiera sido, uno se encuentra de pronto en otro lado. La gente es otra, la que ve todos los días. Las ocupaciones y las preocupaciones. La familia también es otra, porque cambia, se van unos y llegan otros, en el mejor de los casos. En el peor uno se queda solo.
Igual siempre hay algo de soledad en esto del cambio, en esto de saberse individuo, aunque se esté acompañado. Uno mira al de al lado, que está ahí siempre, parece. Pero no. Está un rato nada más. Después se va. O se va uno. Igual vienen nuevos, claro, no es que uno esté solo de verdad. Es una sensación.
Después uno se muere, y ahí deja de sentirse solo. Deja de sentirse. Me gusta recordármelo cada tanto, bastante seguido, no vaya a ser cosa que me tome demasiado en serio esto de la soledad.

jueves, 9 de febrero de 2012

Dijo Tomy

"Siempre que llovió paró, y siempre que paró volvió a llover".

Abrí el paraguas, juancito, que afuera está tronando.