domingo, 28 de julio de 2013

es el mismo pie el que se apoya en el pedal de la bicicleta, el mismo pie que pisó el suelo descalzo, y el que estuvo en zapatillas, metido ahí adentro tardes larguísimas de calor, cuando se acercaba el verano y no se aguantaban las ganas de salir y tomar el aire de esas vacaciones que empezaban. El mismo pie ahora más grande, mucho más grande, y más calloso, curtido, es el que pedalea y mete fuerza y velocidad, llevando encima de él un cuerpo que parecía que no iba, pero que sí, creció. Traicionado porque en el fondo se sabía peter pan, descubre que no vuela, nunca jamás era mentira, sigue cada vez más pesado pisando una tierra que cambia, que cada vez se reconoce menos, que promete y cumple, y dice que ya no va a ser de él, va a ser de los próximos que vengan, que su tiempo va pasando, haciendo lugar a los pibes por favor.


acá hace falta orden viejo