viernes, 20 de diciembre de 2013

Después del apocalipsis, el último sobreviviente del planeta tierra a veces para cuando el semáforo se pone en rojo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

balance del año que no termina

Creo que a ésta altura ya estamos en condiciones de decir que las cosas no terminan cuando se termina el año, aunque parezca que uno va a poder mandar todo a la mierda en diciembre. Por más quemada que tenga la cabeza, tengo que acordarme que todo va a seguir lo mismo, así que no hay que ponerse ansioso porque termine nada, porque en realidad no va a terminar nada (por suerte). Pero al mismo tiempo (no podía ser tan fácil) sí se terminan cosas. Se terminaron los 20, y eso sí que no sigue, se terminaron definitivamente. Y decidí que junto con los 20 se terminen también las pelotudeces, así que capaz hasta le cambio el nombre al blog. No porque deje de pensar pelotudeces, no pretendería tanto, sino más bien porque ya no tengo tiempo de darle bola a las pelotudeces que pienso, y me refiero particularmente a las pelotudeces que no me hacen feliz. Me dí cuenta este año que la vida es muy corta para estar boicoteandosela uno solo. Mínimamente habría que esperar que un tercero venga a jodernos, y ahí sí, sacarlo a patadas en el orto, pero no joderse uno mismo, mucho menos cuando tanta gente la está pasando mal de verdad, y uno se queja de lleno, de lo que no pudo ser, de lo que sería, de lo que podría, basta de adolescencia por favor. Me lo digo a mí mismo, está clarísimo, para abarajarme si me agarra de  nuevo por buscarme motivos para pasarla mal. Leí en algún lado "si querés resultados distintos, no hagas siempre lo mismo". Tal cual. Voy a dejar de hacer siempre lo mismo, y ver que pasa. No puedo decir que ahora sé a donde voy, pero sí sé a donde quiero ir. Lo que fue, lo que podría ser, lo que sería, se pueden ir a la concha de su madre, los tres juntos de la mano. Este año que empieza va a estar buenísimo.