lunes, 18 de enero de 2016

Julia

Con sus tres meses y medio, Julia le sonríe a los árboles. No a todos, a alguno en particular, después de mirarlo un rato largo seria, pensativa, con los dedos en la boca y babeando. Julia entiende a los árboles.

Cuando el viento de verano sopla un poco más fuerte, Julia se ríe. También cuando un perro chilla, o cuando siente el vértigo de la caída de mentira que le hago con los brazos.

Julia deja de llorar cuando hay música, para escuchar. Escucha en silencio, y se adormece. Siempre a upa, siempre cuando la mezo. Pero  solo se duerme con los ritmos vivos, mientras bailo con ella, a ritmo de trote o de galope. A Julia le encanta Johnny Cash. Julia tiene algo de red neck.

Cuando duerme, a veces se queja un poquito. Pero cada vez más sonríe y sonríe. Abre un poquito los ojos entre dormida y despierta, me mira, y sonríe. Sonríe y sonríe.

La lámpara roja china del living de su casa es hoy su cosa favorita. La mira fijo mucho tiempo. Qué pensará.

A Julia se le ilumina la cara cuando la ve a su mamá. A las dos se les ilumina la cara. Algo inmenso pasa entre Julia y su mamá. Por momentos se olvida que está, y entonces, de golpe, la ve y los ojos le brillan.  La ama lo más que se puede amar a alguien. 

Julia. Julia.


viernes, 1 de enero de 2016

Respecto al dolor

No interesa acá la exactitud científica, ni siquiera la veracidad científica, ni siquiera la veracidad común. Que conste.



Se utiliza la regla mnemotécnica "ALICIA" para recordar algunos aspectos relevantes sobre las características del dolor.

La A es de antiguedad. El dolor puede ser reciente o antiguo. Al dolor reciente se le dice agudo. Uno piensa que el dolor agudo es también un dolor más intenso, será que uno asocia la palabra a lo musical. La nota aguda tiene algo de más fino, de más penetrante. En cambio, el dolor crónico es el que persiste a lo largo del tiempo (cuánto acá no nos importa), y hace pensar en un dolor sordo, más grave en términos musicales, quizás por oposición al agudo. El dolor crónico siempre tuvo que ser alguna vez agudo, por definición. 

La L es de localización, y la primera I es de irradiación. La localización de algunos dolores espirituales es increíblemente específica. El dolor del corazón roto es retroesternal, y se irradia de manera diferente en la fase aguda y en la crónica. En la fase aguda es un dolor descendente, de un carácter que precisaremos al llegar a la C de ALICIA. Puede tomar ambos hipocondrios y seguir descendiendo. Los límites anatómicos del descenso son imprecisos, difíciles de definir. . En la fase crónica, en cambio, el dolor se irradia de manera ascendente hacia la garganta y la nuca, y sus límites son muchos más netos.

La C es de carácter. Remitiéndome al ejemplo anterior, el carácter de la fase aguda del corazón roto podría definirse como "vacío" o "sordo", y puede ir acompañado de bradicardia y bradipnea, e incluso por breves períodos de apnea. En la fase crónica, que puede durar días, semanas, meses, o años, de acuerdo a la intensidad del estado de enamoramiento previo, el dolor es "constrictivo", especialmente en la garganta. Hay quienes lo describen como "un hueso de pollo atravesado en la garganta", y es acompañado por exacerbaciones paroxísticas que surgen en fechas con algún significado particular, frente a objetos o elementos significativos, o con la sola evocación de algún recuerdo o pensamiento. Éstas exacerbaciones pueden ser, en ocasiones, desencadenadas de manera espontánea.

La I es de intensidad. Ésta puede tratar de objetivarse utilizando una escala númerica que va del 1 al 10, donde el 10 representa el peor dolor que la persona haya sentido alguna vez. La percepción del dolor, como toda percepión, depende de los parámetros de referencia del sujeto, y de su estado anímico en el momento que lo padece.

La segunda A es de atenuación. El dolor puede ser atenuado de muchas formas. Se denomina postura antálgica a posiciónes que el sujeto toma para calmar el dolor. El dolor puede ser calmado algunas veces con el movimiento, y otras con la quietud. Hay quienes lloran cuando se quedan quietos. Hay otros que lloran cuando se mueven. El llanto está al final de algunos dolores que disminuyen, pero no se van, con posturas antálgicas. El llanto muchas veces calma el dolor. No siempre son buenas las posturas antálgicas entonces. A veces hay que dejarse sufrir. El alma sabe sanar si se la deja.