sábado, 16 de julio de 2016

Me perdí en el premetro

Mientras viajaba en el  premetro ví por la ventana a un chico que jugaba al fútbol. Recibía la pelota, y pude sentirla en el cuerpo, rebotando, picando. Él allá, yo acá,  tuve que mirar para otro lado. No pude asimilar que yo esté acá y él allá al mismo tiempo. Vi a la gente del premetro, y me dí cuenta que todos eran al mismo tiempo. Todos infinitamente complejos, infinitamente infinitos. Me dije que eso era un pensamiento mío nada más. No pude sacarme la sensación. Podría no volver de Soldati. Quedarme allá, o en cualquier otra parte dónde me deje el premetro. Supe que es muy cortito el tiempo que estamos, y nuestros problemas inmensos son en realidad inmensos y pequeñísimos a la vez. En ese momento los sentí pequeñísimos, ridículos. No vale la pena. Y yo qué soy? Qué estoy yendo a ser en Soldati? Qué soy en Soldati, y acá, y allá? Me perdí.

Pero lo hago por ella, sigo jugando. Soy el papá de Julia. 
Me perdí

viernes, 1 de julio de 2016

Paro la moto frente a la barrera en una noche de lluvia

Paro la moto frente a la barrera en una noche de lluvia. El tren tarda en pasar. Las gotas pegan sobre el casco y la campera, que es, digamos, semipermeable. Abajo de la campera está el pulover de lana, debajo del pulover una remera, y debajo de la remera estoy yo, que por ahora estoy seco. Pienso que si el tren sigue demorando y la lluvia sigue cayendo, el agua va a empezar a colarse entre las fibras de la campera semipermeable. Va a atravesar el pulover y la remera, y va a llegar hasta mí. Si tarda más, me voy a mojar. Y si demora todavía más, el agua va a llenar todo, me va a inundar el cuerpo, las zapatillas, los pantalones. Cuestión de tiempo y de constancia en las condiciones para hacerme notar que todas esas cosas no sirven para nada a la hora de aguantar.